LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (V Escrito)

Capitulo 2 -v Escrito
En los círculos taoístas es norma aceptada que cuando un discípulo se acerca a un maestro debe esperar, a menos que el maestro le pregunte: “¿Para qué has venido?”, y el maestro sólo lo preguntará cuando haya comprobado que tú no eres un curioso simplemente, que estás aprendiendo, que no has venido sólo de paso, que tu búsqueda no es poco entusiasta sino intensa, que estás ardiendo, que estás a punto de explotar.
Sólo entonces preguntará el maestro: “¿A qué has venido? ¿Qué quieres aprender?”.

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LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (IV Escrito)

Capirulo 2- (Escrito IV)
UN HOMBRE QUE SABE CÓMO CONSOLARSE

3. SIN ARREPENTIMIENTO



Sería Lin Lei casi centenario cuando, en plena primavera,
se puso su abrigo de piel y se fue a recoger los granos abandonados por los segadores, cantando mientras caminaba a campo a través.

Confucio, que iba de viaje a Wei, lo vio a distancia, y volviéndose a sus discípulos dijo:


-Valdría la pena hablar con aquel anciano.  Alguien tendría que ir y averiguar qué tiene que decir.


Tzu Kung se ofreció a ir.  Lo encontró al final del terraplén, y mirándole a la cara musitó:


-¿No siente usted siquiera algo de arrepentimiento?  Usted canta, incluso mientras va recogiendo los granos.


Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar. Tzu Kung continuó presionándolo hasta que el anciano se giró para mirarle y le respondió:

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LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (III Escrito)


Capitulo 2 (III Escrito)
UN HOMBRE QUE SABE CÓMO CONSOLARSE


Toda la filosofía del karma dice que tú has sembrado y ahora estás cosechando; tú ya lo has hecho, por tanto, ésta es una consecuencia natural.   Te da consuelo.  

Nadie,  por consiguiente, está haciendo algo injusto contigo. Dios no es injusto, el destino no es injusto, el mundo no es injusto, la sociedad no es injusta; es tu propio karma, ¿qué se puede hacer?  Uno tiene que pasar por ello y mantener la propia ecuanimidad, el propio equilibrio.  Y no vuelvas a hacer tal cosa, o sufrirás otra vez en la próxima vida. 
Así que esto es lo único que se puede hacer: no puedes cambiar el pasado, pero puedes hacer algo con el futuro… un hermoso consuelo.
Esto ha ayudado a que en Oriente continúe la pobreza, la miseria.  Ha ayudado a que en Oriente continúe la fealdad, la enfermedad, la falta de higiene. 
Ha servido para que los orientales se consuelen a sí mismos, y ese consuelo se ha transformado en un tremendo letargo.
Todo lo que hace falta es cuidarse del futuro.  Por tanto, el pasado se tiene que aceptar y el futuro se tiene que temer, eso es todo.  No obstante, aun en la pobreza, en la miseria, los orientales parecen más felices que los occidentales.  ¿Por qué? Los orientales tienen un bello amortiguador, un fuerte amortiguador para protegerse.

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LIBRO EL SENDERO DEL TAO (OSHO) Capitulo-II (II Escrito)

Capitulo 2 (II Escrito)
UN HOMBRE QUE SABE CÓMO CONSOLARSE

Aunque seas un gran devoto, una presunta gran persona “religiosa”, a cada momento estás tratando de manipular a Dios a tu conveniencia.  “¡Cumple con mi voluntad!”. 

Esto es todo lo que implican tus oraciones: “
¡Hazlo como yo quiero.  Escúchame”.  
Todo tu esfuerzo consiste en convertir a Dios en tu sirviente.  Le llamas “Señor”, “Maestro”, pero eso sólo es un soborno; tú estás tratando de manipularlo.  
Tú dices: “Yo no soy nadie.  Tú lo eres todo”, pero en el fondo tú sabes quién es quién.  En realidad, incluso cuando luchas por tu Dios, lo haces por tu Dios.  Incluso cuando te sacrificas en algún pedestal, en algún altar, es por tu Dios por el que te sacrificas.  Cuando te inclinas ante una imagen de Dios en un templo, o en una mezquita, o en una iglesia, lo haces ante la imagen que has creado, lo haces ante tu Dios.  Te inclinas ante tu propia creación.  Te inclinas ante un espejo.  Te ves reflejado allí y dices: “¡Qué hermoso!”. 

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